lunes, 23 de marzo de 2015

Los Recuerdos de Arica e Iquique


                                                              

                                                            Los recuerdos de Arica e Iquique

A continuación paso a reproducir un artículo que vale la pena leer, escrito por el Sr Armando Pattroni titulado "los recuerdos de Arica e Iquique" y el desagravio y mea culpa que todos los peruanos le debemos a los tarapaqueños que no quisieron someterse al yugo del invasor  durante y después de La Guerra del Pacífico. Y el maltrato e incomprensión  hacia ellos por parte del resto de los peruanos.


El presente artículo circula en varios sitios de la Internet y fue recogido del blog redVoltaire.org.net de  Herbert Mujica Rojas.  


Algunos alcances del libro "El dios cautivo" del escritor iquiqueño Sergio González y un análisis histórico de la posguerra del Pacífico.

por: Armando Pattroni


Hace ya 132 años que dejaron de ser políticamente peruanas. Dos de las ciudades más importantes del sur peruano y todas las poblaciones aledañas pertenecientes al departamento de Tarapacá fueron arrebatadas por la fuerza de las armas por un inamistoso vecino ambicioso de riquezas naturales. Pero pensemos bien: ¿sólo territorio? ¿y qué pasó con la gente que vivía allí?.

Luego de siglo y cuarto, un escritor chileno, natural de Iquique, estudioso apasionado de su tierra y de su historia regional (ejemplo no sólo para muchos chilenos sino también para otros historiadores latinoamericanos) nos entrega una obra maravillosa y desafiante, un sacudón de nostalgia que podría sacudir conciencias dormidas si elnuestro fuera un país con memoria, agradecido y justo. Lamentablemente no lo es.

"El Dios cautivo – Las Ligas Patrióticas en la chilenización compulsiva de Tarapacá (1910 – 1922)" se llama el trabajo de Sergio González Miranda, reconocido catedrático de la Universidad Arturo Prat de Iquique, viajero conocedor de nuestro país y sobre todo, quien ha rescatado para la historia del suyo un periodo olvidado y sepultado por la historia oficial: la post guerra del pacífico y su repercusión en las poblaciones originarias de Tarapacá que quedaron viviendo en su tierra a pesar de que esta pasó a ser parte del territorio chileno.


En realidad es algo que me pregunté siempre, desde que terminé mi secundaria en aquel maravilloso colegio tacneño en 1979, año importantísimo por ser el centenario de la guerra y el cincuentenario de la devolución de Tacna, estuve intrigado por la suerte de la gente que vivía en el departamento y se había negado a cambiar de nacionalidad. Unos años antes, luego del terremoto de Lima del 3 de Octubre de 1974, mi madre, siguiendo los consejos de mi supersticiosa abuela, nos llevó a ver a la "Señorita Ismenia", para unas sesiones de "quita susto" que nos ayudarían a sobrellevar el terrible momento. La tal Ismenia resultó siendo Iquiqueña, tendría unos 80 años así que había nacido de seguro en el siglo XIX en tierras tarapaqueñas, y obviamente fue víctima de las políticas encubiertas y oficiales de "chilenización" de la zona, y terminó emigrando a Lima a comienzos del siglo XX. Vivía en La Victoria (28 de julio), en un inmenso solar que le daba rentas, y en realidad hablaba con un acento algo notorio. La rodeaba el misterio y los secretos a voces que cubrieron a las familias iquiqueñas que llegaron a Lima, ya que cada una tenía una historia que contar acerca de todo lo que dejaron en el sur.


Ya a finales de los 70's recalamos en Tacna, en una época difícil en la que el Perú estuvo a punto de atacar a Chile al cumplirse el centenario de la guerra. En el 75 la situación de las fuerzas armadas peruanas era inmejorable, y la falencia económica del país del sur hacía aprovechable el momento para recuperar nuestros territorios, contando con el liderazgo de un popular general nacionalista como Velasco. Cosa extraña, cuando la guerra estaba por iniciarse (Agosto del 75) un general de apellido tarapaqueño (su familia es natural de Pica) con profundas raíces en ese departamento, dio un golpe de estado en Tacna (que coincidencia), luego de una reunión por el aniversario de su reincorporación al Perú. Hoy hace 30 años del golpe de estado que salvó a Chile de ser derrotado en "cinco minutos" como temía Gustavo Leigh. ¿Tuvo algo que ver el origen tarapaqueño deMorales Bermúdez en su afán de evitar el conflicto? Cuántas especulaciones se pueden hacer, ¿cierto? temor a atacar su tierra natal, a su propia gente, frenando sus naturales impulsos para recuperar su propio territorio, quién sabe.


Porque la realidad nos dice que aún después de 132 años, Arica e Iquique tienen entre sus poblaciones un buen porcentaje de descendientes de peruanos que poblaron esa zona desde hace 400 años. Existen familias cruzadas, con primos a través de la frontera, la artificial frontera delineada por un ferrocarril y exigida como último recurso de salvación por el presidente chileno Carlos Ibáñez del Campo para salvar su frontera viva. La condición de ciudadanía chilena actual de tales descendientes no los priva de su origen. Entre los que viven en aquellas ciudades tenemos gente importantísima para el sureño país, como por ejemplo Lautaro Núñez Atencio, premio nacional de historia de Chile en 2002, nieto de Higinio Núñez, peruano del valle de Quisma, e hijo de Juan Núñez Vernal, sobrino nieto de Alfonso Ugarte. En el otro extremo también tenemos a Juan Pablo Dávila, de origen ariqueño, autor del millonario desfalco de 120 millones de dólares de la cuprífera estatal Codelco en 1994. Entre 1910 y 1922, movimientos ultranacionalistas chilenos (llamadas "Ligas Patrióticas") organizados en las ciudades tarapaqueñas hostilizaban a los peruanos residentes, ayudados por cierta prensa, con el explícito fin de expulsarlos de la zona, al más puro estilo de las limpiezas étnicas practicadas por los nazis y los eslavos. En muchos casos lo lograron, con la venia de las autoridades chilenas de la zona que hacían la vista gorda, encabezadas por su "intendente" (el equivalente chileno del Prefecto) Recaredo Amengual. Los nuevos residentes de la zona, trabajadores salitreros en su mayoría, buscaban obtener los mejores puestos de trabajo en las oficinas salitreras inglesas durante el boom del nitrato, puestos que en su mayoría estaban ocupados por peruanos, de lo mejor de nuestro país, y que superaban a los chilenos en educación, capacidad de trabajo y honestidad, finalmente lo lograron, expulsando por Iquique hacia el Callao a decenas de miles de peruanos. 

Parece increíble,pero en mi opinión, lo mejor del Perú del siglo XIX se había concentrado  Tarapacá. La gente que fue a hacer industria allá, que se mezcló con la gente del lugar, que trabajaban cod codo
empresarios y trabajadores, que no se habían contaminado con el Perú feudal y latifundista, herederos sí de la colonia, pero que ya habían dado al mejor presidente del Perú (Ramón Castilla) y se preparaban para entregarnos dos más (Remigio Morales Bermúdez y Guillermo Billinghurst), estaban listos para ser una clase dirigente nacional, que podía haber llevado al Perú a la modernidad mucho antes de lo pensado, que tenía contacto con todo el mundo capitalista a través del comercio, que vivía en una ciudad ultracosmopolita, y sobre todo, y lo más importante, con un amor a la patria y un respeto por las tradiciones nacionales que traducido en un nacionalismo bien llevado, llevó a los tacneños, ariqueños, iquiqueños y tarapaqueños en general a luchar con uñas y dientes contra la imposición más salvaje que pueda caer sobre un pueblo: la del cambio de nacionalidad.



Las grandes familias originarias de esa zona más los ricos empresarios del salitre, los Vernal, Zavala, Loayza, Ossio, Marquezado, Fuentes, etc., junto con los apellidos del pueblo, los Vildoso, Rejas, Mamani, Quispe, Carpio, Luza, etc., los hijos de inmigrantes que tomaron al Perú como su patria, los Neuhaus, Pescetto, MacLean, Lombardi, etc.; todos, todos en general, lucharon contra el invasor mientras hubo esperanzas de regresar a la patria, e inclusive cuando ya no la había, manteniendo sus tradiciones, celebrando el 28 de Julio, brindando con pisco, hablando como peruanos, evocando a su patria y sintiéndose extranjeros en su propia tierra, increíble. Sin embargo, entre 1910 y 1922, cuando las Ligas Patrióticas expulsaron a un gran número de ellos con la ropa que

Cártel propagandístico peruano en pro
de la recuperación de  Tarapaca y Tacna
llevaban puesta, quitándoles casa, propiedades y demás bienes, llegaron al Callao a sentir la hostilidad de su propia patria, a soportar que los llamen "chilenos" y como prologa Lautaro Núñez en el libro de González Miranda: "… 40 mil refugiados peruano-tarapaqueños desembarcaron en el Callao al son de bandas musicales para luego ser trasladados a locales abandonados sin más ayuda, apiñados entre el hambre y la pena en lo que después sería la Urbanización Tarapacá". Emulando lo que siempre ha pasado en el Perú, los tarapaqueños ricos fueron a Lima, continuaron con su vida y fundaron una Sociedad Patriótica, que hasta ahora sobrevive, mientras la gente del pueblo fue a parar a Carmen de la Legua, frente a lo que hoy es la avenida Colonial, fundando también su propia sociedad tarapaqueña, actualmente mucho más representativa y con más tarapaqueños en ella, a vivir entre el pueblo ignorante que los hostilizaba y los culpaba de las desgracias que la guerra trajo a Lima "para defenderlos a ellos". Pueblo limeño y chalaco ignorante porque ignoraba que durante la guerra los batallones que con más fiereza se batieron en las batallas fueron justamente aquellos que estaban conformados por tarapaqueños, ariqueños y tacneños por la simple razón de que ellos ¡estaban defendiendo su propia tierra!, los principales héroes de las batallas del sur fueron originarios de la zona, que tenían a sus familias viviendo ahí, y que, como en el caso específico de Ramón Zavala y Alfonso Ugarte, tenía un futuro promisorio y lleno de comodidades ya que sus familias inmensamente ricas tenían ya cuarenta años en el negocio salitrero, civiles que dejaron todo para empuñar el fusil, cuando ya tenían planes de futuro para ellos y sus descendientes en una inhóspita región del sur peruano que habían ayudado a conquistar. Todo regado y destruido por la ambición del vecino, que al no encontrar riqueza en tierra propia tuvo que quitar la ajena por la fuerza.

Esa gente fue la que llegó refugiada luego de las expulsiones, esa gente cuya historia hace que nuestro patriotismo se eleve hasta las nubes, haciéndonos la pregunta del amante no correspondido: ¿vale la pena amar tanto para recibir palos? Tanto querer ser peruanos para que nos traten así en Lima. La mayoría de ellos venía de Iquique, que
Antiguo mapa de 1865  donde se
aprecia al departamento de Moquegua
que contenía a tacna y Tarapaca
es un puerto, y como toda gente de puerto, eran de armas tomar, aguerridos, "achorados" como se diría actualmente, indomables, espíritus libres y muy autónomos, de ahí la bronca que causaron a los chilenos en Iquique y seguramente lo mismo a los limeños y chalacos. Un extracto del libro nos cuenta una anécdota de don Santiago Vernal en el Callao, alrededor de 1920: "…el señor Claudio Mamani celebró su cumpleaños e invitó a todos los amigos tarapaqueños, todos los pampinos tocaban la guitarra, la fiesta terminó como a las 12 y media de la noche. Veníamos caminando cuando en una tiendita había más o menos 10 zambos que comenzaron a gritarnos "chilenos desgraciados". Estos pensaron que los tarapaqueños que caminábamos éramos ciegos, empezamos a pegar puñetes y en un ratito les sacamos la mugre a los zambos estos. Nos gritaban chilenos que vienen a quitarnos el pan, ¡pensaban que nosotros éramos chilenos! ¡no quisimos ser chilenos! ¡yo soy peruano y quise ir a mi patria!...". El leer estos testimonios del libro de González me da esperanzas respecto al país. Si tuvimos a esta gente tan valiosa, tan patriota y sobre todo tan real y tan viva, entonces tenemos esperanzas, entonces vale la pena amar tanto al Perú, entonces sí podemos mirar adelante y pensar que el Perú tiene futuro y que una derrota militar impulsada por políticos limeños idiotas no tiene nada que ver con la fuerza de un pueblo tan valioso que no perdió la autoestima a pesar de la adversidad. Ellos demostraron que tenemos razón en amar al Perú.

¿Y qué debemos hacer ahora? ¿Qué lección aplicamos? Yo pienso que debemos rescatar de la memoria los acontecimientos de esa época, debemos honrar a nuestros héroes civiles tanto o más que a nuestros héroes militares. Honrar a gente como Ezequiel Ossio, líder de la lucha tarapaqueña por la reivindicación de su tierra en 1920, financista y vocero en foros internacionales del sentimiento nacional tarapaqueño, que denunció a los 4 vientos los abusos cometidos contra los peruanos en Tarapacá. Él llevó a Washington a una delegación de tarapaqueños para mostrarse ante el árbitro de la contienda (Estados Unidos) y pedir la anulación del tratado de Ancón y la devolución de los territorios ocupados. Tantos eran los problemas en la zona que había corrientes dentro del mismo Chile que, hartos de la monomanía tarapaqueña, empezaron a proponer que los territorios peruanos fueran devueltos a su dueño y Chile se olvidara del tema y siguiera sin problemas el camino al progreso. Lógico, para ese tiempo el salitre ya no tenía ningún valor y Tarapacá era más una carga pesada para Chile que una fuente de riqueza. Nada se pudo hacer y el desierto, ahora sí desierto, siguió en manos chilenas hasta hoy.

Existen dos sociedades tarapaqueñas en Lima, una a media cuadra de la Av. Brasil en Breña, muy elegante y bonita, a la que me invitaron durante la sesión solemne de fiestas patrias de este año. Lamentablemente en ella no sobreviven ni los descendientes de los  tarapaqueños. Revisando la lista de socios, el único tarapaqueño original que hay es don Alfredo Chamorro Luza, natural de Pica, con 95 años a cuestas, totalmente lúcido y como buen tarapaqueño, con una joven esposa, natural de Iquitos, de 50 años que parecen menos, viejo feliz, que me contaba todas las anécdotas de su tierra y la añoranza de la misma. Se asombró cuando le mostré el libro de González, en donde aparece su nombre como uno de los fundadores de la Urb. Tarapacá. El resto de socios es de diferentes partes del país, sólo vi en la lista a un par de Vernal, un Aste y paremos de contar de apellidos tarapaqueños. La otra sociedad está en el Callao, en la urb. Tarapacá, esta sí más auténtica, llena de descendientes y con sentimientos patrióticos impresionantes. Sergio González los conoce, los ha ido a visitar varias veces, ha extraído sus testimonios, que plasma en el libro y en general ha socializado con ellos desde su propia perspectiva, en la que deja en un valor secundario la condición de pertenencia de su provincia a una u otra "nación-estado", para enfatizar el hecho de, como dice él, "todos somos simplemente tarapaqueños". En mi opinión estas sociedades deberían ser consideradas y legalizadas como "clubes departamentales" o unirse en una sola entidad para tener ese estatus. ¿Por qué no? Tarapacá es un departamento que fue peruano y algunos tarapaqueños y muchísimos de sus descendientes viven en Lima, deberían tener estatus de Club Departamental, participar en la asociación de clubes departamentales, etc. También debería estrecharse lazos con algunos tarapaqueños descendientes importantes que no tienen actividad en los clubes. Puedo nombrar algunos de los que tienen mayor participación en la vida política e intelectual, como Carlos Neuhaus Rizo-Patrón, ex-alcalde de San Isidro, Juan Ossio, nieto de Ezequiel, quien es un importantísimo antropólogo de la Universidad Católica, Fernando Zavala Lombardi (santo Dios! qué apellidos!) quien es el actual joven ministro de Economía, Francisco Morales-Bermúdez, ex presidente del Perú, etc.

¿Y Tarapacá? Bueno, la historia no tiene vuelta a atrás, pero podemos hacer algo. Podemos integrarnos, Tarapacá se puede convertir en el punto de partida de la integración de nuestros pueblos a partir de la misma zona que nos convirtió en enemigos irreconciliables. Las raíces peruanas de esa tierra y el hecho de haber levantado las fronteras administrativas entre nuestros países hace que la vida ariqueña e iquiqueña pueda integrarse cada vez más a Tacna y el resto del sur peruano. Arica está a mil kilómetros de Santiago y a 53 km de Tacna, de la que nunca debió separarse, el comercio de Arica e Iquique con Tacna, mal regulado por parte nuestra y fuente de un inmenso contrabando durante 50 años, ha hecho que estas dos ciudades dependan del Perú para vivir, como siempre lo fue y lo será. Tenemos un muelle en Arica administrado por Enapu. Hay en realidad tanto por hacer, se me ocurren tantas ideas. El pisco por ejemplo: se otorga denominación de origen "pisco" a los aguardientes producidos hasta los valles de Tacna, ¿por qué no se otorga la misma denominación a los aguardientes producidos en los valles de Tarapacá? ¿porque ya no son peruanos? ¿acaso fue culpa de ellos? En Tarapacá se ha producido pisco desde siempre, cuando era peruana y cuando ya no lo era, inclusive algunas leyendas dicen que el Pisco Sour fue inventado por un barman inglés en un hotel de Iquique en 1872, y coincidentemente, al limón peruano utilizado para preparar nuestro famoso cebiche y el pisco sour se llama "limón de Pica" en Tarapacá. Otras ideas: podríamos integrar deportivamente nuestros dos países permitiendo que Deportes Arica participe en el campeonato de fútbol nacional. No es idea mía: ¡es idea de ellos! Los dirigentes del club hicieron la propuesta hace unos meses cuando las cabezas del fútbol chileno se confabularon para hacer que el equipo descienda a tercera división, amenazaron con desafiliarse de la federación, y económicamente era más rentable jugar en el Perú que recorrer enormes distancias en Chile. Nuestros miopes dirigentes peloteros, sin absoluta visión geopolítica, reaccionaron "desconcertados", en fin.

Para finalizar, quiero recomendar encarecidamente la lectura y difusión del libro de Sergio González en nuestro país. Su pensamiento integracionista y pacifista se pone de manifiesto en esta obra en la que rinde el homenaje a nuestro pueblo tarapaqueño que nosotros mismos le negamos en su momento, aunque ahora tampoco es demasiado tarde. También quiero saludar en esta fecha a esa heroica tierra tacneña, la única de las tres provincias que logró su objetivo de regresar al Perú luego de 49 años de ocupación, aunque con el dolor terrible de la pérdida de las irredentas provincias que hoy conforman la Primera Región de Chile.
…………………….
*Cortesía intelectual del brillante escritor liberteño Blasco Bazán Vera.

Armando Pattroni..

Fotografía del encabezado son de los tarapaqueños  que fueron obligados a dejar su tierra y vivir en Lima. la fotgrafia ha sido tomada del blog de Aldo Panfichi llamado Sociología y Ciencia Política.

Videos 1, 2 y 3 Cortesía canal ATV Andina de Televisión de Lima Perú, programa: Día D. Vídeo 4 cortesía  de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).

La sangre de Horchata

Miami, 24 de Marzo del 2015




jueves, 5 de marzo de 2015

El valor de la amistad: A Sergio

                  


           El valor de la amistad: A Sergio


                                                                                                            Por: José Fernando Orrego Mir

Hay una vieja frase que dice que: “uno nace con los hermanos, pero escoge a sus amigos” y no hay nada más cierto. Los lazos que nos unen a nuestros hermanos, padres, primos o tíos  se dan simplemente porque llevamos la misma sangre y  ese es el factor que en torno a ella nos aglutina. Es una unión fuerte eso lo sé, porque nuestro primer círculo de amistades se da al interior del  hogar, con los hermanos y padres en un primer momento y después con los primos y tíos;  las circunstancias naturales de ese vínculo sanguíneo, el primero de nuestras vidas,  es el génesis donde allí comienzan a formarse  nuestras primeras experiencias. Es por eso que cuando un familiar rompe esa regla y le falla a la familia (principalmente cuando se da entre hermanos) la desazón es grande y uno se lleva las más grandes de las desilusiones;  porque piensas que uno de los nuestros, la persona que lleva tu misma sangre nunca te va a fallar o clavar un puñal por la espalda a toda la familia. Nosotros no sabemos lo que para el familiar que rompe la regla es el valor de la lealtad a la familia,  él simplemente cayó en ese grupo de sangre, no pidió nacer, ni elegir,  ni venir al mundo en ese ambiente y es por eso que puede mirar al resto de sus consanguíneos con desdén y desprecio,  pues para él los valores le valdrán poco o nada.





El elegir a un amigo, amigo de verdad, es una tarea que se da espontáneamente, ya sea por afinidad de cosas, aficiones,  pensamientos o edad y se hace indestructible y más sólida con el paso del tiempo, uno puede dejar de ver a su amigo de toda la vida por veinte, cuarenta o cincuenta años, pero el reencuentro será como si nos hubiéramos visto ayer mismo. Es por eso que cuando se rompe una verdadera amistad, duele más que si uno rompe con un hermano de sangre y eso es fácil de explicar aunque difícil de comprender: al no unirnos ningún lazo de sangre con los amigos, sino la amistad pura hace más dolorosa la ruptura.
Todo lo contrario sucede cuando empezamos a elegir a nuestros amigos, no sé si les ha pasado pero uno tiene amigos de diferentes lados, situaciones y locaciones. En todo lugar y momento  podemos hacer grandes amistades, y aunque cada uno tiene igual valor hay un especial sentimiento por cada uno de ellos. En otras palabras: el sentimiento que se puede tener por los primeros amigos de la infancia (calle o Barrio) es diferente al de los amigos del colegio, universidad, trabajo o lo que sea. No digo que uno sea mejor que otro pero la sensación es distinta entre todas.  Bueno esa es mi percepción.


He querido hacer ese análisis previo de lo que representa para mí el valor de la amistad,  porque cuando uno pierde un amigo físicamente y en  especial uno tan entrañable se hace difícil poder explicar con palabras  lo que se siente, y eso es lo que me está ocurriendo en este momento, la desaparición física de Sergio Bermúdez fue para mí como para muchos que lo conocieron como un mazazo en la cabeza,  un baldazo de agua fría de saber que una persona tan jovial, extrovertida y hasta loco (en el buen término de la palabra) ya no este entre nosotros.


Sergio fue  de ese primer grupo de amigos que uno hace cuando rompe el cascarón del vínculo familiar, tanto mis hermanas Virginia  como Gaby y el que escribe,  tuvimos la suerte de conocer a los hermanos Bermúdez Rosell;  eran seis en total, dos hermanas mayores, Sonia, Silvia, luego Alejandro, y después la recordada Sandrita, Lorena y Sergio con los cuales formamos el grupo, a ellos tres, tanto mis hermanas como yo les guardamos un gran cariño y recuerdo por la amistad sincera y desinteresada  que nos brindaron y viceversa.  Por lógica aunque todos íbamos juntos,  las mujeres paraban más con las mujeres  y  Sergio y yo por ser hombres parábamos juntos. Fue una bonita etapa de mi vida que llevo guardada en el corazón, por supuesto que ese grupo no quedo allí, también estaban otros amigos a los cuales les he perdido el rastro como el chileno Miguel Concha (Sergio lo molestaba con Miguel Concha ... ¡Conchudo!), Juán (no recuerdo su apellido), y amigos del barrio de Conquistadores  también formaban parte de la collera, como Ernesto Bertoli, Gino y Rafo Salinas, Miguel Treguear, César Y Lucho Peredo, Enrico y Doménico del Solar, Jorge Y Ricardo Maehira, Gustavo Guerra, Sergio Cueto, Edgard, Arturo y Pacho Laredo Honores y perdónenme si me olvido de algún otro. 

Anécdotas con Sergio hay miles, pero como han dicho los amigos que lo recuerdan, su temperamento y personalidad lo hacían único; era de esos tipos aventados, sin tapujos,  que tocaba el timbre y se metía  sin preguntar de frente al dormitorio de uno, previa escala en la refrigeradora para asaltarla. Pero eso en vez de hacerlo un niño antipático lo hacía agradable y gracioso para mis padres.

Sergio de niño
vistiendo la camiseta de arquero
Recuerdo que éramos caseritos en el desaparecido Teatrín del Olivar de San Isidro, nos colábamos a cuanta función  se representara allí, saltando la cerca perimetral. Precisamente  allí en el teatrín me referiré a una de sus genialidades  y palomilladas: había un concurso nacional  canino organizado por el Kennel Club del Perú para elegir a los perros más finos en cada una de sus razas y no sé cómo hizo Sergio para introducirse al evento con sus dos perros chuscos, chuscos no… Chusquísimos llamados el Tiger de color negro y el otro llamado  el Mancha  porque era tricolor, chuscos y todo Sergio logró que le dieran un reconocimiento por su participación.

O como olvidar cuando nos íbamos a la laguna del  parque El Olivar para  corretear a los patos y gansos que allí había, o robarnos los botes que se alquilaban y hacer correr a los cuidadores de un lugar a otro  de la laguna  tratando de atraparnos  solo por el simple hecho de fastidiar. Finalmente me veo obligado a agregar estas dos características de Sandra, Lorena y Sergio: La típica chupada del dedo gordo  de la mano con brazo cruzado  agarrándose el pabellón de la Oreja y viendo la  televisión, (me hacen recordar a los tres monitos  que no escuchan, no oyen  y no ven); y la famosa frase característica de los Bermúdez Rosell: "La Mamá te llama". Yo sé que cada uno de nosotros tenemos varias anécdotas que contar sobre Sergio, háganlas como homenaje a su memoria, Gino tú sabes una muy buena  cuando se escapó de su casa. Anímate a contarla porque es graciosísima.

Este es mi más sincero homenaje a un gran amigo que nos dejó, a tres días de cumplir cuarenta y siete año de edad. Si bien es verdad no nos veíamos por muchos años,  estoy seguro que el reencuentro que no se dio hubiera sido muy afectuoso y amical.

Sergio con la niña de sus ojos su hija Alejandra
Me he tomado la libertad de transcribir un comentario que está después del mio, que a modo de homenaje le hiciera nuestro amigo de la infancia en común César Peredo, acerca de Sergio y sus diabluras y que invito a leer también..

Gracias Sergio por haberme escogido como amigo, tu pata, gracias por tus locuras loquito, gracias por esos años  infantiles que me permitiste compartir a tu lado, gracias por jugar a los PIRATAZZZZZ como lo decías tú, eres de esos amigos entrañables de los cuales es muy difícil romper el vínculo. Te recuerdo con mucho cariño y afecto, y aunque en este momento tengo un nudo en la garganta, de la tristeza que me embarga tu partida mientras escribo estas palabras, sé que tú desde arriba donde te encuentras no quisieras verme ni vernos tristes. A su madre, hermanos e hija solo puedo decirles que aunque perdimos en la tierra al amigo, hijo, hermano o padre,  ganamos un ángel que desde arriba nos cuida.




Fotografías: tomadas del Facebook de Sergio Bermúdez
y del grupo de Facebook Barrio de Conquistadores

José Fernando Orrego Mir

Miami, 5 de marzo del 2015

  


                        Adiós a mi amigo Sergio
            
                                                                                         Por: César Peredo



Hoy cuatro de marzo del año 2015 falleció mi amigo Sergio Bermúdez, amigo de la infancia, del barrio. Desde el día de ayer que recién me entere que estaba con cáncer terminal al hígado y páncreas, no he dejado de pensar en él y recordar algunas cosas que pasamos juntos. Sergio era un par de años menor que yo, vivía en una casa en la calle Antero Aspíllaga que es una de las calles que bordea el bosque El Olivar. La casa era antigua, tal vez de finales del siglo XIX, esas casas que tienen algo de arquitectura centroeuropea, con techos a dos aguas. La casa tenía un jardín muy grande donde había una cancha de frontón y algunos olivos antiguos, calculo que esos árboles tendrían más de 400 años de antigüedad como muchos de los árboles que aun habitan El Olivar.
En aquel  jardín recuerdo haber jugado bastantes partidos de fútbol y frontón con todos los vacilones y piconerías respectivas. Me acuerdo que en el primer piso de la casa la mamá de Sergio tenía un taller de costura y era algo grande porque tenía a varias operarias trabajando en ello. Recuerdo haber pasado buenos ratos con Sergio, muchas veces me invitaba a quedarme a almorzar con él y la empleada de la casa nos subía el almuerzo al dormitorio de Sergio. También recuerdo que en repetidas oportunidades subíamos a huevear a la azotea de su casa en donde habían algunas cosas tiradas por ya estar inservibles, lo bacán de esa azotea era que tenía una especie de escondites, desde la calle el tercer piso parecía existir ya que la fachada dejaba ver un supuesto tercer nivel, sin embargo este no existía, solo era finta, solo era fachada, como las que se utilizan en los estudios fílmicos. Este detalle era el que hacía de esa azotea algo diferente.



Sergio también iba a mi casa a jugar tapas o simplemente a huevear, me acuerdo que él no se media a la hora de hablar y disparaba las lisuras sin cuidar su lenguaje delante de los adultos, es así que mi vieja decía que Sergio era un lisuriento, que tenía boquita de caramelo, jajá. Después de unos años dejamos de vernos, yo a los 15 años ingrese al conservatorio a estudiar música y mi círculo de amigos cambio, Sergio ingresó al colegio militar y sus amistades también cambiaron. Recién hace un par de años nos reencontramos virtualmente a través del Facebook y conversamos un par de veces, incluso estábamos planeando organizar un campeonato de tapas para reencontrarnos con la gente del  barrio. Anteayer me entere a través de Fernando Orrego que estaba con cáncer terminal y desde ese momento he estado evocando las huevadas que hacíamos, siento una tristeza grande por la partida prematura del loco Sergio. Cuando me enteré, se me subió la presión por lo emotivo de la situación, tanto así que ayer tuve que ir a un centro de salud a que me medicaran algo para bajarla. Más tarde pasare por el velorio de Sergio a darle el último adiós.



Descansa en paz querido y siempre recordado Sergio.

César Peredo Medina.


Miraflores, 5 de marzo del 2015